Los niños con problemas de comportamiento tienen el doble de riesgo de sufrir dolor crónico

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La investigación sugiere que estos problemas pueden deberse a las alteraciones en el sistema neuroendocrino

Los niños con problemas de comportamiento tienen el doble de riesgo de sufrir dolor crónico al alcanzar los 45 años que aquellos que no tuvieron este tipo de problemas en la infancia, según afirma un estudio de la Universidad de Aberdeen en el Reino Unido, publicado en la revista ‘Rheumatology today’.

Los investigadores afirman que factores como la clase social o la aparición temprana de síntomas no están unidos a esta relación. Sin embargo, “una disfunción entre la interacción del sistema nervioso y las hormonas en la infancia puede tener consecuencias a largo plazo en la salud del adulto”, afirmó el doctor Dong Pang, epideomólogo que lideró el estudio.

“Hasta ahora sabíamos que las estancias en el hospital tras un accidente de tráfico o estar separados de las madres durante la niñez eran hechos relacionados con este síndrome, pero se desconocía que los problemas de comportamiento podían ser un factor desencadenante en la etapa adulta”, recalcó Pang.

El doctor Pang afirmó que “los mecanismos biológicos de esta relación no están del todo claros”, pero indicó que “una posible explicación puede ser que tanto los problemas de comportamiento como el dolor crónico se deben a una disfunción neuroendocrina a lo largo del tiempo”.

En este sentido, explicó que “el eje hipotalámico-hipofisario-adrenal (eje HHA), el sistema neuroendocrino primario de respuesta al ‘stress’, se asocia con el comportamiento en la niñez. Asimismo, cuando este eje se altera se relaciona con el dolor crónico”.

De modo que las experiencias de tensión emocional en la edad temprana de la vida, “pueden tener un impacto toda la vida sobre el HHA, que a su vez puede desarrollar tanto problemas de conducta en la niñez, como dolor crónico en la edad adulta, así como otros problemas mentales”, señaló Pang.

En el estudio participaron 18.558 niños nacidos en la misma semana de 1958 en Inglaterra, Escocia y Gales, además de 920 que nacieron esa semana en otros países y que llegaron a Inglaterra antes de los 16. Los investigadores recogieron información durante diferentes etapas de sus vidas, primero a los 7, 11 y 16 y posteriormente en los 42 y 45.

Tanto los padres como los profesores informaron sobre actitudes de los niños como preocupaciones, obediencia, facilidad para hacer amigos, soledad y otros aspectos como si se chupaban el pulgar o no, decían mentiras o sufrían o realizaban acoso escolar.

Igualmente, a los 42 años los sujetos rellenaron cuestionarios acerca de sus problemas psicológicos en la vida adulta y otro a los 45 sobre el dolor físico.

El estudio reveló que el dolor crónico es algo más común en mujeres (12,9 por ciento) que en hombres (11,7 por ciento). Y que, aquellos cuyos profesores detectaron problemas de comportamiento en todas las edades tuvieron el doble de riesgo de dolor crónico en la edad adulta. Si los niños tenían problemas entre los 11 y los 16 este riesgo casi se doblaba.

Se obtuvieron resultados parecidos, aunque algo más bajos, en los casos en los que los padres detectaban los problemas de comportamiento, lo que los investigadores creen que se debe a que los profesores cuentan con una mayor capacidad para percibir estas situaciones, ya que pueden comparar a unos niños con otros.

Además de con el dolor crónico, Pang afirmó que “existen otros problemas en adultos relacionados con los desórdenes de comportamiento en la infancia, como pueden ser problemas psiquiátricos a largo plazo, tendencias suicidas y abuso de sustancias para enfermedades psicológicas”.

El profesor Gary McFarlane, del equipo investigador, señaló que “este estudio ayudará a entender qué factores en la infancia conducen a enfermedades al llegar a la edad adulta”. Igualmente, explicó que “la alteración del eje HHA es un marcador biológico del efecto que tienen estas experiencias traumáticas, lo que puede ayudar a identificar a aquellos que sufrirán un riesgo elevado de padecer dolor crónico”.

McFarlane concluyó que “las intervenciones que se hagan en ese momento, deberían estar centradas en el estilo de vida, así como en identificar y tratar los problemas de comportamiento y emocionales, pero también deberían dirigirse a factores de estilo de vida como incrementar la actividad física”.

Según afirmó este investigador, el equipo pretende llevar a cabo “otros estudios en niños para comprender qué tipo de factores causan alteraciones en el eje HHA, de manera que se pueda determinar correctamente cómo intervenir en estos niños”

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