Comportamientos altruistas y egoistas ante condiciones extremas como el hundimiento

El 14 de abril de 1912, el colosal Titanic chocó contra un iceberg en el Atlántico Norte y se fue a pique, con el resultado de 1.517 muertos. El 7 de mayo de 1915, otro lujoso barco británico, el Lusitania, fue torpedeado por un submarino germano durante la I Guerra Mundial. Se hundió llevándose consigo 1.198 almas. Dos escenarios similares, dos barcos con parecidos recursos de socorro, un porcentaje similar de supervivientes y unos pasajeros de las mismas características socioeconómicas y demográficas. Sin embargo, el comportamiento de tripulación y pasajeros fue extremadamente distinto en cada caso.

En el Titanic, se impusieron normas sociales y se hizo lo posible por poner a salvo a los más débiles. Algunos se abocaron a una muerte segura porque se mantuvieron a bordo hasta el último momento permitiendo que otras personas ocuparan los escasos botes. En el Lusitania, sin embargo, imperó el sálvese quien pueda.

Investigadores de la Universidad de Tecnología Queensland en Australia y de la Universidad de Zurich creen tener la respuesta: el tiempo de hundimiento. Según publican en la revista Proceedings of National Academy Sciences (PNAS), la presión de tiempo fue crucial para explicar los comportamientos en condiciones de vida y muerte. El Lusitana se hundió en 18 minutos, creando una situación a corto plazo en la que los impulsos dominaron el comportamiento. El Titanic, por el contrario, se hundió lentamente, tardó dos horas y 40 minutos en irse a pique, lo que permitió un tiempo para meditar y que se aceptaran unas pautas sociales.

Para los investigadores también juegan otros factores. Por ejemplo, los pasajeros del Lusitania sabían que podían ser objeto de ataque. Los periódicos habían advertido de que cualquier barco de bandera británica estaba en el punto de mira de los alemanes y podía acabar hecho añicos, así que los pasajeros navegaban bajo su propio riesgo.

La probabilidad de que los viajeros del Lusitana conocieran la catástrofe del Titanic tampoco debe ser excluida. Sabían que podían no ser rescatados en última instancia y eso les llevó a adaptar su comportamiento de una forma más egoísta y a autopreservar la vida por encima de todo. En esas situaciones, «el contrato social se tira y cada hombre intenta salvar su propia vida a cualquier precio».

El estudio señala la importancia del tiempo para adoptar un comportamiento u otro. La adherencia a normas sociales requiere tiempo para manifestarse. Si éste no existe, prevalece la lucha por la supervivencia. Para los científicos, conocer el comportamiento humano en condiciones extremas proporciona una idea de cómo puede variar esa respuesta, dependiendo de las diferentes condiciones externas.

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